Las Bodegas de Córdoba
De Ateneo
En Córdoba, uno de esos lugares –y no precisamente de los que brillan con menor intensidad- se llama Bodegas Campos. Y en este 2008 cumple cien años. Estamos ante uno de nuestros templos culinarios, lo que no es decir poca cosa. Visitantes ilustres y desconocidos, procedentes de todos los confines del globo, pueden corroborarlo. Sin embargo, si ese fuera su único logro, a pesar de su relevancia no sería suficiente para sustentar el grado de admiración y respeto que concita. Lo que ha hecho de Bodegas Campos un referente inexcusable es su arraigo cordobés, el modo en que recoge en su seno las características más señeras de esta tierra. Sus patios y naves, un ejemplo palmario de lo que debiera ser una modélica restauración de nuestro patrimonio arquitectónico y cultural, han acogido toda suerte de eventos: enología, flamenco, arte e historia, cine... las disciplinas más dispares y los oradores más insignes han divulgado su saber con ausencia de ínfulas, con la llaneza y naturalidad que son consustanciales a Javier y José Campos.
El Ateneo, cuya incesante labor en pro de la cultura debiera servir de acicate a instituciones harto más pródigas en medios, ha sido el principal –que no el único- beneficiario de esa hospitalidad y apertura a la ciudad y sus habitantes. Los capiteles visigóticos del lugar han asistido al pálpito vivo de creadores y artistas, de empresarios y soñadores.
Por todo ello, y tantos otros motivos, levanto mi copa y brindo con gusto por un Centenario que es orgullo legítimo de Córdoba y sus buenas gentes.