El Ateneo y su sede

De Ateneo

Una de las buenas noticias de la cultura local en los próximos días -acaso la única- va a ser la incorporación del Real Centro Filarmónico "Eduardo Lucena" y el Ateneo de Córdoba a su sede común de la calle Ambrosio de Morales. El Centro Filarmónico vuelve a la que durante muchos años fue su casa, mientras que el Ateneo se dispone a disfrutar, por primera vez en sus 17 años de historia, de una sede estable.

Si reparamos en las condiciones en que el Ateneo se ha visto obligado hasta ahora a desarrollar su labor de promoción cultural, que haya sobrevivido durante casi dos décadas es un hecho que roza lo milagroso. La tenacidad de los responsables del colectivo -y especialmente de su presidente, Antonio Perea- ha sido vital para que su compromiso con la ciudad se haya mantenido firme e inalterado desde 1984 a pesar de la cantidad de obstáculos que han encontrado en el camino, entre ellos la casi siempre insuficiente colaboración de las instituciones.

El Ateneo ya tiene sede y ahora trabaja para ofrecer a la ciudad un otoño cargado de actividades culturales, como la segunda edición del Certamen Andaluz de Monólogos Teatrales o el ciclo Poesía en la Bodega -que seguirá celebrándose en la Bodega de Guzmán-. Al mismo tiempo, Córdoba gana un espacio para la cultura junto a la Real Academia y frente a la Fundación Gala. Si la Junta de Andalucía lo gestiona con acierto y buen talante -y, en primer lugar, subsana las carencias que presenta el edificio, como la falta de una línea telefónica, que, dicho sea de paso, no es una carencia leve-, el antiguo Teatro Cómico Principal puede recobrar esplendores perdidos.

En una ciudad donde la apatía y la indiferencia son los dos únicos conceptos en continuo florecimiento y renovación, donde la cultura juega en tercera división y las únicas aficiones extendidas a la mayoría son las fiestas y maratones de las peñas -ni siquiera el fútbol o los toros-, en la ciudad de los peroles y de Rafael Gómez, el esfuerzo desinteresado del Ateneo por ofrecer al pueblo cultura buena, variada y gratuita se antoja necesario y plausible. (Y que conste que no tengo nada contra los peroles).
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