Arroyos

De Ateneo

Días pasados recibí en mi domicilio un inesperado regalo. El poeta Francisco Carrasco, amigo entrañable, me dejaba en el buzón un ejemplar de su último libro Arroyos de Córdoba, editado por el Arca del Ateneo.

Nada más leer el prólogo de Rafael Mir me di cuenta que estaba ante lo que éste define como “un deleite”: “la buena literatura sencilla y de la Naturaleza”.

En efecto, Paco Carrasco hace una sensorial descripción de los arroyos de nuestra sierra, caminante empedernido de la misma, solo o acompañado de otros también entrañables amigos como Rodrigo Cebrián, Paco Galán o Rafael Ruiz Lucena.

Carrasco nos traslada a nuestra infancia por esos senderos de la Huerta de don Marcos o del Arroyo de la Tierra con esa exquisitez y atención a nuestra tierra que le caracteriza: “Como medallón de aguas, del mismo pecho de Torre Árboles se descuelga el Rabanales quebrada abajo, por parajes de secarral, de coscoja, retama, aulaga, pasando junto a la Casa de la Carrasquilla donde algo más abajo recibe por su izquierda un ramal que viene de la casa de la Armenta”.

¡Qué capacidad para describir y evocar tan hermoso patrimonio!

Paco Carrasco, como cordobés sensible y amante de la naturaleza, no puede por menos que lamentar los desmanes que se están cometiendo contra nuestros cursos de agua y todo el entorno de nuestra sierra: parcelaciones, canteras, cortes de caminos, destrozo de cabeceras, asolamiento de fuentes...

Arroyos de Córdoba es un corto pero intenso libro, un viaje real y onírico al mismo tiempo por el Román Pérez, la Alcaídia, el Molino de los Ciegos, Pedroches, La Palomera... y una posibilidad de amar y de comunicarse con la Naturaleza que durante milenios ha servido de cuna, pulmón y soporte a nuestra ciudad.

Uno tiene que recordar que han tenido que ser poetas como Paco Carrasco o como Manuel de César y Lola Salinas –con su libro Los Árboles de Córdoba- los que nos acerquen a elementos esenciales de nuestra memoria biológica y sentimental. Uno tiene que lamentar que sólo el trabajo y la tenacidad casi en solitario de autores y naturalistas como José Aumente Rubio nos estén acercando a esa amenazada realidad. Uno tiene que deplorar, leyéndolos a todos, que los que causan la destrucción consciente de nuestro entorno se sienten en sitiales de piedra y se conviertan en perros de sombra de nuestros cedros celestes.

Uno tiene que agradecer que aún haya cordobeses con la sensibilidad, palabra justa y amor a su tierra de Paco Carrasco Heredia. Uno tiene que agradecer que aún queden arroyos en la sierra.
Lucas León
Diario de Andalucía, 30 de abril de 2000
Herramientas personales