Arroyos
De Ateneo
Nada más leer el prólogo de Rafael Mir me di cuenta que estaba ante lo que éste define como “un deleite”: “la buena literatura sencilla y de la Naturaleza”.
En efecto, Paco Carrasco hace una sensorial descripción de los arroyos de nuestra sierra, caminante empedernido de la misma, solo o acompañado de otros también entrañables amigos como Rodrigo Cebrián, Paco Galán o Rafael Ruiz Lucena.
Carrasco nos traslada a nuestra infancia por esos senderos de la Huerta de don Marcos o del Arroyo de la Tierra con esa exquisitez y atención a nuestra tierra que le caracteriza: “Como medallón de aguas, del mismo pecho de Torre Árboles se descuelga el Rabanales quebrada abajo, por parajes de secarral, de coscoja, retama, aulaga, pasando junto a la Casa de la Carrasquilla donde algo más abajo recibe por su izquierda un ramal que viene de la casa de la Armenta”.
¡Qué capacidad para describir y evocar tan hermoso patrimonio!
Paco Carrasco, como cordobés sensible y amante de la naturaleza, no puede por menos que lamentar los desmanes que se están cometiendo contra nuestros cursos de agua y todo el entorno de nuestra sierra: parcelaciones, canteras, cortes de caminos, destrozo de cabeceras, asolamiento de fuentes...
Arroyos de Córdoba es un corto pero intenso libro, un viaje real y onírico al mismo tiempo por el Román Pérez, la Alcaídia, el Molino de los Ciegos, Pedroches, La Palomera... y una posibilidad de amar y de comunicarse con la Naturaleza que durante milenios ha servido de cuna, pulmón y soporte a nuestra ciudad.
Uno tiene que recordar que han tenido que ser poetas como Paco Carrasco o como Manuel de César y Lola Salinas –con su libro Los Árboles de Córdoba- los que nos acerquen a elementos esenciales de nuestra memoria biológica y sentimental. Uno tiene que lamentar que sólo el trabajo y la tenacidad casi en solitario de autores y naturalistas como José Aumente Rubio nos estén acercando a esa amenazada realidad. Uno tiene que deplorar, leyéndolos a todos, que los que causan la destrucción consciente de nuestro entorno se sienten en sitiales de piedra y se conviertan en perros de sombra de nuestros cedros celestes.
Uno tiene que agradecer que aún haya cordobeses con la sensibilidad, palabra justa y amor a su tierra de Paco Carrasco Heredia. Uno tiene que agradecer que aún queden arroyos en la sierra.